Equivocarse y la oportunidad de aprender.

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Estamos llegando a fines de año y una vez más, es posible que se nos estén presentando las mismas pesadillas y fantasmas de otras veces, todas relacionadas con las metas, los objetivos, los presupuestos, los resultados, y por qué no decirlo, nuestro futuro. Es que estamos en este período del tiempo, en que nos preguntamos con mayor insistencia: – ¿por qué a mí? – ¿qué fue lo que no hice? – ¿por qué no lo hice? – ¿qué me faltó? – ¿qué errores cometí?

A lo largo de estos casi doce meses del año, hemos tomado cientos de decisiones, algunas buenas, algunas excelentes, otras malas y tal vez pésimas. Cuando planificamos este año, ya pudimos apreciar que no todo iba a ser un camino de rosas, y que nos encontraríamos con varias dificultades para poder cumplir las expectativas. Y conforme a ello, definimos nuestra estrategia y a continuación las tácticas que íbamos a emplear para su desarrollo. Pero, en algún momento del tiempo (y tal vez fue repetitivo) cometimos un error, una equivocación.

Todos tenemos temor de cometer un error. Y es algo lógico, porque nos hemos preparado para un determinado resultado conforme a la decisión tomada, y en el 99% de los casos, pensamos que esa decisión era la más acertada (pensamiento positivo). Natalia Córdova, psicóloga especialista en psicoterapia para adultos y formación de habilidades, manifiesta que “un error ocurre cuando tienes ciertas expectativas e ilusiones sobre las cosas y cómo vas actuar y finalmente resultan otras”.

Y es muy cierto, por cuanto la planificación la efectuamos en la forma más técnica posible, pero a veces olvidamos que muchos actos comerciales dependen de las personas, entre ellas, nuestros equipos, (o nosotros mismos) que son finalmente los que deberán de ejecutar nuestro plan. Es muy común el cometer “equivocaciones” al “suponer” ciertos comportamientos y obtener resultados distintos a ello.  El “error” propiamente tal, a mi juicio, está en no habernos dado cuenta de que estábamos equivocados y haber continuado sin modificar el accionar.

Tal vez, podríamos explicar lo anterior a través del llamado efecto Dunning-Kruger que dice que “cuanto menos sabemos, más creemos saber”. Sus investigaciones los llevaron a manifestar que mientras más incompetente era la persona, menos notaba su incompetencia, y que mientras más competente era, más subvaloraba su competencia. Como los investigadores Dunning y Kruger señalan en el estudio, esta percepción se debe a que las habilidades necesarias para hacer algo bien, son justamente las habilidades necesarias para poder evaluar correctamente cómo lo estoy haciendo. Y esto último es de lo que adolecemos muchos de nosotros (me incluyo), no practicamos en forma persistente y definitiva, “el auto-análisis”, “la auto-evaluación”, la “auto-crítica”. Los errores, las equivocaciones suceden cuando tomamos una decisión (o no la tomamos) y no contamos con todos los antecedentes (o conocimientos) necesarios. Esa habilidad de evaluación, de analizar cómo lo estoy haciendo, cómo voy respecto de mis objetivos, es la falla que a veces cometemos, confiados (y porfiadamente) en lo acertada de la decisión o del plan original.
Y hay otro fenómeno adicional al anterior, y es el de nuestra capacidad para olvidar nuestras equivocaciones, la que parece ser mayor que nuestra capacidad para recordarlas (Kathryn Schulz, periodista y escritora norteamericana, autora de “En defensa del error: Un ensayo sobre el arte de equivocarse”). Darse cuenta de que estamos equivocados, manifiesta esta escritora, implica casi siempre el hacernos de una creencia sustitutoria, en la que ésta pasa a ser de inmediato la correcta, debilitando y a veces eliminando por completo, el recuerdo del error.

Pero subsiste la pregunta: “…pero si cometo un error, ¿qué puedo hacer? – Si estoy consciente del error (recordemos la autoevaluación, la autocrítica), es a través de él es que podemos crear cosas nuevas, por cuanto si cometo una equivocación y no cumplo con las expectativas que tenía, lo que deberé de hacer es moverme (tomar acción) para alcanzar mi objetivo y no quedarme paralizado. Y es precisamente, ese ir y venir, donde vamos aprendiendo que existen otras formas, otras posibilidades de hacer las cosas a la vez de nuevos riesgos por asumir y conquistar. Ante la parálisis (la ceguera), debemos de analizar, autoevaluar en forma constante nuestro accionar, nuestro comportamiento, y si ello procede, volver a empezar, pero ahora hacerlo de manera distinta.

“De hombres es equivocarse – de locos persistir en el error” – Marco Tulio Cicerón

¿Es importante analizar los errores o simplemente damos vuelta la página?

–          La respuesta es simple y concreta: Sí, tenemos que analizarlos, justamente para evitar su repetición, entender en qué nos equivocamos. Aprendemos sólo aquello que entendemos, si no entendemos dónde nos equivocamos, es muy posible que volvamos a cometer el mismo error, no una, sino varias veces.

–          Si podemos registrar, analizar todo aquello que hicimos en forma errónea, se nos abrirán diversos escenarios, ayudándonos a reflexionar sobre cómo mejorarlas y qué cambios debemos efectuar en nuestro accionar.

–          No solo es importante su análisis, sino también lo es el reconocimiento del error ante otros. A veces, por el solo hecho de no querer parecer débiles ante otros, ocultamos y/o negamos nuestros. No hay imagen de persona más fuerte, que aquella que aceptó el error, lo enfrentó y lo superó.

–          El análisis de nuestras equivocaciones, junto a su reconocimiento, es el mejor medio para aprender, para mejorar nuestro accionar, para obtener nuevas y mejores alternativas a la decisión anterior.

Recordemos que el error, es como una ley de la vida. Todos nos equivocamos, y ello es parte del aprendizaje y cada error que cometemos nos obliga a repensar y a buscar nuevas formas de llevar a feliz término ese plan que acometemos. El repreguntarnos ante el reconocimiento del error, no una sino varias veces, ¿qué hice? ¿qué no hice? ¿por qué no lo hice? – nos ayudará a encontrar la solución y el nuevo camino a seguir.

A veces no nos es fácil el llegar a esas preguntas, especialmente cuando estamos paralizados en el pantano de la equivocación o del error. Ante ello, el mejor método es el del Coaching, recordando cómo Sócrates hacía que sus discípulos llegaran a las respuestas ellos mismos, manteniendo conversaciones y respondiendo preguntas que él les hacía. Platón incluso, decía que “cada hombre posee dentro de sí una parte de verdad, pero requiere la ayuda de los demás para descubrirla”. El Coaching tiene por finalidad activar los mecanismos que residen en cada persona para que los alcance por sí misma. Por ello, si usted está en esta situación de parálisis y no puede hallar respuestas por sí solo, acérquese a su Líder, busque un apoyo, un tutor, (primero reconozca su equivocación) y juntos busquen un nuevo conocimiento que le permita esta vez tomar la decisión correcta y obtener una lección del error cometido.

Al inicio de este post decíamos que estamos casi a término del año, y algunos (ojalá fueran muchos), se están percatando de que cometieron una equivocación (o varias) que les está vetando el éxito esperado. Es difícil (por no decir imposible) encontrar soluciones a días del término, pero sí es el momento de darnos tiempo para buscar las respuestas a las preguntas claves y así poder iniciar una nueva etapa con nuevos conocimientos:

– ¿qué fue lo que hice? – ¿qué fue lo que no hice? – ¿por qué no lo hice? – ¿qué me faltó? – ¿qué errores cometí?

“Si estás dispuesto a arriesgarte a actuar de acuerdo con lo que crees que es verdad y a arriesgarte a cometer errores, aprenderás muy rápido a prestar atención a lo que funciona y lo que no funciona”.          Shakti Gawain (Escritora y ecologista estadounidense)

Un abrazo,

Freddy Hayvard

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