Y, ahora qué hago?

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La pregunta es simple, y en muchas personas es repetida innumerables veces luego de recibir una instrucción, una formación, leer un libro, obtener un título profesional, ascender a un nuevo cargo, etc. Y la respuesta que “debiera” aparecer en los próximo cinco segundos, tarda y tarda, y en oportunidades más de lo necesario, y cuando se toma la decisión, ya vas atrasado y posiblemente se perdió la oportunidad. Indecisión.

Este sustantivo femenino, indecisión, se define como la carencia de decisión, determinación, fijación, resolución, sentencia, juicio, dictamen, firmeza, fortaleza o carácter ante un hecho o situación que requiere de una acción.

Es claro que a veces, no es fácil tomar una decisión. Destaquemos que, para resolver un problema, al tomar una decisión para su resolución, tenemos que estar dispuestos s enfrentarlo, es decir, afrontar las consecuencias de dicho acto o, entre otras, adquirir un compromiso con nosotros mismos, en el sentido de que sí lo haremos, pero además, eso involucra la certeza de que sí podemos hacer algo para su resolución.

Mi experiencia con diferentes grupos de trabajo, me indica que el factor determinante de la indecisión, es la falta de compromiso que muchas personas enfrentan en el momento de la toma de decisiones, así como el temor a equivocarse o a no tener la certeza de sí podrán hacer lo que tienen que hacer. Muchos estiman el compromiso como una “obligación negativa” y por lo tanto solo ven en él los aspectos que involucran “muchas obligaciones” y no “las consecuencias positivas” que las más de las veces ello conlleva. También el “salir de la zona de confort” (lo conocido) atenta y debilita la decisión, y lo mismo sucede cuando se tienen dudas sobre la capacidad adquirida para hacer frente a lo nuevo. Por eso, cuando llega el momento de la decisión, solo atinan a preguntarse: “y, ¿ahora qué hago?”

Y así, luego de horas de capacitación, meses y años posiblemente de formación profesional, de acumular conocimientos y experiencias, muchos siguen haciéndose la misma pregunta, retardando así la decisión de actuar ahora, de aplicar ahora todos aquellos conocimientos y experiencias adquiridos y compartidos, con las consecuencias de que al no tomar la decisión en forma oportuna o bien al continuar con lo mismo que venía haciendo antes, ¡nada habrá cambiado!

Pero, ¿Cómo podemos combatir la indecisión?

  • Vencer el miedo a la toma de decisión. El temor a lo desconocido es lo que más retarda las acciones. Jiddu Krishnamurtu, (escritor y orador en materia filosófica y espiritual, nacido en la India en 1895) dice: “haz lo que temes y el temor morirá”. El huir no soluciona los problemas, las más de las veces los aumenta.
  • Hacer preguntas inteligentes ante la indecisión, como por ejemplo: “Si tomo ese camino, ¿Qué resultados positivos podré obtener? Y si no lo son, ¿Cómo podré gestionarlos para retrotraer la situación?” – Primero, el escenario positivo. No podemos adivinar el futuro, pero sí podemos reflexionar y adoptar con tiempo estrategias y cursos de acción.
  • Todos podemos equivocarnos. Puedes tomar una decisión, y luego si observas que no era lo adecuado, puedes hacer un cambio y regresar. Lo importante es que se tomó la decisión y se generó un movimiento y no un estancamiento.
  • Tener claro el objetivo de la decisión. “Al tomar la decisión, ¿qué es lo que pretendo obtener o que suceda?” – Ideal es escribir el objetivo, así podemos tener un punto de vista distinto lo que nos ayudará en la toma de la decisión.
  • Hacer un listado de los pro y los contra de la decisión. Inicie con los aspectos positivos.

El permanecer sin actuar con la pregunta: “Y, ¿ahora qué hago”, puede acarrearnos innumerables dificultades, tales como:

  • Afectan nuestro liderazgo. (todos esperan nuestra decisión).
  • Propician el stress, pues la indecisión nos hace pensar y pensar si la tomamos o no, produciéndose un agobio.
  • Las oportunidades no siempre permanecen estáticas, se mueven y si no se toma la decisión en forma oportuna, se habrá perdido el momento de hacerla.
  • Si uno no toma la decisión, es muy posible que otros la hagan por usted, perdiendo así el control de su vida.

Paulo Coelho, novelista y dramaturgo brasilero, en uno de sus libros, manifestaba: “Las decisiones son solo el comienzo de algo. Cuando alguien toma una decisión, se zambulle en una poderosa corriente que lleva a una persona hasta un lugar que jamás hubiera soñado en el momento de decidirse.

Un abrazo,

Freddy Hayvard

 

 

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